La electrificación rural en el siglo XX y su impacto en la vida en el campo
En España, fue el farmacéutico Doménech quien, en 1852, utilizó la electricidad por primera vez para iluminar su farmacia. Este mismo año se iluminó en Madrid la Plaza de la Armería y el Congreso de los Diputados con una pila galvánica. Más adelante, en 1875, se construye la primera central eléctrica en Barcelona, pero no es hasta finales del siglo XIX que empiezan a proliferar las centrales eléctricas en nuestro país dando comienzo a un proceso de electrificación.
Principios del siglo XX: la electricidad llega a los hogares
En la primera década del siglo XX se contaba con 859 centrales eléctricas con una potencia total de 94.08 MW, de los cuales el 39% tenían como fuerza motriz la energía hidráulica. Además, fue en 1909 cuando se construyó la primera gran línea eléctrica para el transporte de la energía eléctrica a una distancia de 240 km con una tensión de 60.000 voltios, desde el salto del Molinar, en el río Júcar, a Madrid.
Tan sólo una década más tarde, a finales de los años veinte, la estructura de la generación eléctrica en España había aumentado la potencia instalada hasta alcanzar los 1.500 MW. En este sentido, fue el siglo XX el que marcó un antes y un después en la calidad de vida de las personas, primero en las zonas urbanas y más adelante en las rurales.
De hecho, desde los primeros años del siglo XX ya se comenzaron a publicitar en la prensa electrodomésticos, como tostadoras, planchas o secadores de pelo. Estos productos se fueron popularizando cada vez más gracias a las ventajas y comodidades que ofrecían y las familias aspiraban a comprarse una nevera, una radio y, más adelante, un teléfono. La realidad es que durante las primeras tres décadas del siglo la electrificación había penetrado en los hogares hasta el punto de convertirse en una necesidad en los núcleos urbanos.
Por otro lado, en 1905, eran muchas las provincias cuya población sin electricidad superaba el 75% de la población total. Esta brecha se fue reduciendo y ya en 1934 ninguna provincia alcanzaba esta cifra, pero el acceso a la electricidad seguía siendo mucho más limitado. Además, mientras que en las ciudades de más de 200.000 habitantes el consumo medio por habitante era de 49 kWh, en las localidades de menos de 2.500 se reducía a 15 kWh.
La Guerra Civil pausa el proceso de electrificación en España
Hay que tener en cuenta que en España el proceso de electrificación se vio interrumpido en 1936 a causa de la Guerra Civil. Como consecuencia, entre 1935 y 1937, el consumo eléctrico se redujo un 25%, y en 1939 el consumo era inferior aún que el del año anterior al inicio de la guerra.
El crecimiento económico de la segunda mitad del siglo XX impulsa el consumo eléctrico en todo el país
Así como la Guerra Civil frenó la electrificación en la segunda mitad de los años treinta, el crecimiento económico que experimentó el país en la década de los sesenta y setenta impulsó de manera muy significativa el consumo de energía eléctrica. Mejorando nuevamente la calidad de vida de las personas en una gran diversidad de aspectos.
Además, a partir de los años cincuenta se dio un impulso también a la electrificación rural haciendo llegar la electricidad cada vez a más rincones del país, tanto para mejorar la calidad de vida de las personas como para la agricultura. De hecho, el consumo eléctrico del sector agrario ha ido creciendo constantemente pasando de los 20 MWh en 1936 a los 6.047 MWh en 2006.
Aun así, la electrificación rural es un reto que seguimos afrontando hoy en día, ya que, según el Observatorio de la Descarbonización Rural, las zonas rurales continúan presentando un nivel de electrificación un 15 % inferior a la media nacional.