En pleno siglo XXI damos por sentado el alumbrado público de las ciudades, pero está claro que no siempre fue así. Hoy hablamos de una de las impulsoras de esta realidad, Hertha Ayrton, amiga de Marie Curie; que, con su curiosidad y su talento transformó la iluminación de las calles y abrió camino para muchas científicas que vendrían después. En una época en la que la ciencia estaba dominada por hombres, Ayrton no solo logró hacerse un hueco, también dejó una huella duradera en el desarrollo de la electricidad.
¿Quién fue Hertha Ayrton?
Hertha Marks Ayrton nació en 1854 en Inglaterra, en el seno de una familia humilde de origen judío. Desde pequeña mostró una gran habilidad para las matemáticas y la mecánica. Su inteligencia no pasó desapercibida, y con el apoyo de familiares y amigos pudo continuar su educación, algo poco común para una mujer en aquella época.
Estudió en el Girton College, uno de los primeros centros femeninos de la Universidad de Cambridge, donde empezó a interesarse por los fenómenos eléctricos y por el funcionamiento de los arcos eléctricos, un tipo de iluminación muy usado a finales del siglo XIX antes de la llegada de las bombillas incandescentes.
En 1885 se casó con el físico William Ayrton, profesor del City and Guilds Technical College, quien siempre la apoyó en sus investigaciones. De hecho, Hertha no vivió a la sombra de su marido: se ganó su propio reconocimiento como científica, inventora y conferenciante.
La ciencia detrás de la luz: el arco eléctrico
Antes de la bombilla de Edison, muchas ciudades se iluminaban con lámparas de arco eléctrico. Estas lámparas generaban luz intensa haciendo pasar una corriente eléctrica entre dos varillas de carbón. Eran potentes, pero tenían un gran problema: la inestabilidad del arco, que producía parpadeos, zumbidos y variaciones de brillo.
Hertha Ayrton dedicó años a estudiar ese fenómeno. Descubrió que el comportamiento irregular del arco no se debía a defectos en la corriente eléctrica, como se creía, sino al movimiento del aire que rodeaba el arco. Sus experimentos demostraron que las oscilaciones eran causadas por la interacción entre el gas caliente y el oxígeno, un hallazgo revolucionario para su tiempo.
Gracias a su investigación, Ayrton diseñó sistemas de ventilación y control del aire que mejoraban notablemente la estabilidad de las lámparas de arco. Sus resultados se aplicaron en el alumbrado público de Londres y otras ciudades europeas, ayudando a que las calles fueran más seguras y mejor iluminadas.
En 1899, Hertha presentó sus conclusiones ante la Institution of Electrical Engineers (IEE), convirtiéndose en la primera mujer miembro de esa prestigiosa sociedad. Sus aportaciones fueron tan sólidas que incluso recibió en 1902 la Medalla Hughes de la Royal Society, un reconocimiento reservado a los descubrimientos más destacados en electricidad y magnetismo. Sin embargo, pese a sus méritos, la Royal Society no la aceptó como miembro por ser mujer.
Más allá de la electricidad: el ventilador Ayrton
Durante la Primera Guerra Mundial, Hertha hizo incursiones científicas más allá de la electricidad. Diseñó un ventilador portátil que ayudaba a dispersar los gases tóxicos en las trincheras. Su invento, conocido como el Ayrton Fan, fue adoptado enseguida por el ejército británico y revolucionó la vida en las trincheras, salvando a muchos soldados de morir envenenados, o verse incapacitados, por la temible guerra química.
Un legado que sigue brillando
Hertha Ayrton falleció en 1923, pero su legado continúa iluminando la historia de la ciencia. Fue una pionera científica que desafió las normas sociales, demostrando que las mujeres podían contribuir al progreso científico. Su trabajo sobre el arco eléctrico sentó las bases del desarrollo posterior de los sistemas de alumbrado público y de la ingeniería eléctrica moderna.