Cuando escuchamos el nombre de Marie Curie, lo primero que suele venirnos a la mente es la radiactividad. Y no es para menos: fue tan pionera en este campo de estudio que ella misma acuñó el término. Sin embargo, reducir su legado únicamente a la radiactividad sería quedarse corto, ya que fue una de las científicas más importantes de la historia y la primera persona en recibir dos premios Nobel en disciplinas distintas.
Las investigaciones de Marie Curie no solo cambiaron la física y la química, sino que también influyeron de forma decisiva en nuestra comprensión de la energía, la materia y los procesos que hoy sustentan tecnologías que son clave para la sociedad moderna. Su trabajo abrió puertas que todavía seguimos cruzando.
Por eso, a continuación repasamos la figura de esta científica excepcional y su impacto en el conocimiento energético.
¿Quién fue Marie Curie?
Marie Curie nació en 1867 en Varsovia, entonces parte del Imperio ruso. Desde joven mostró una enorme pasión por el conocimiento, especialmente por las ciencias. En una época en la que las mujeres tenían grandes dificultades para acceder a la universidad, Marie estudió en la Universidad flotante de Varsovia, una institución clandestina que ofrecía formación a las mujeres. Con 24 años se trasladó con su hermana mayor a París, donde se formó en física y matemáticas en la Sorbona.
Allí conoció a Pierre Curie, con quien compartiría vida y laboratorio. Juntos iniciaron investigaciones que cambiarían para siempre la manera de entender la materia y la energía.
El descubrimiento de una energía invisible
A finales del siglo XIX, la ciencia empezaba a descubrir que el átomo no era indivisible. Marie Curie fue clave en este cambio de paradigma. Estudiando minerales como la pechblenda, descubrió que emitían una energía desconocida, mucho más intensa de lo esperado.
Fue ella quien acuñó el término radiactividad, para describir la capacidad de algunos elementos de emitir energía de forma espontánea. En 1898 descubrió dos nuevos elementos químicos: el polonio y el radio, que liberaban enormes cantidades de energía sin necesidad de combustión ni reacciones químicas tradicionales.
Este hallazgo fue revolucionario: demostraba que la materia contenía energía en su interior, una idea que más tarde se relacionaría con principios fundamentales de la física moderna.
Marie Curie y la nueva visión de la energía
Hasta entonces, la energía se entendía principalmente como algo externo: movimiento, calor, electricidad o combustión. Los trabajos de Marie Curie mostraron que la energía también podía proceder del interior del átomo, abriendo la puerta a una nueva forma de comprender el mundo físico.
Aunque Curie no trabajó directamente en aplicaciones energéticas como las centrales nucleares, que llegarían décadas después, sus descubrimientos fueron la base científica que permitió desarrollarlas. Sin sus investigaciones, no se habría comprendido cómo liberar energía a partir de procesos nucleares.
Además, su trabajo impulsó avances en:
física nuclear
química moderna
medicina energética (radioterapia y diagnóstico)
instrumentación científica
Ciencia, energía y responsabilidad
Marie Curie fue muy consciente del poder de sus descubrimientos. Aunque nunca imaginó todos los usos futuros de la energía nuclear, defendió siempre que el conocimiento debía emplearse para mejorar la vida de las personas.
También destacó por algo poco habitual en su época: rechazó patentar sus descubrimientos, convencida de que la ciencia debía ser compartida libremente. Gracias a ello, sus avances se difundieron rápidamente y aceleraron el progreso científico.
Rayos X portátiles para salvar vidas
Uno de los aspectos más admirables de Marie Curie fue su compromiso social y su trabajo para encontrar aplicaciones prácticas a sus avances. Durante la Primera Guerra Mundial, impulsó el uso de equipos móviles de rayos X, conocidos como “petites Curies”, para diagnosticar heridas en el frente y salvar miles de vidas.
Aquí la energía vuelve a ser protagonista: la radiación se convirtió en una herramienta para ver el interior del cuerpo humano, un uso de la energía invisible con fines médicos y humanitarios.
Un legado que sigue iluminando el presente
Hoy, más de un siglo después, el legado de Marie Curie sigue vivo. Su trabajo está presente en campos tan diversos como:
- la investigación energética
- la medicina moderna
- la física de partículas
Además, su figura es una fuente de inspiración para las nuevas generaciones, especialmente para niñas y jóvenes interesadas en la ciencia, la tecnología y la innovación.
Materiales necesarios
Para realizar el experimento solo se requieren elementos muy comunes y accesibles:
- 1 globo
- 1 botella pequeña
- Vinagre o zumo de limón
- Bicarbonato sódico
- 1 embudo o una hoja enrollada
- Procedimiento
1. Preparar el ácido
Llena aproximadamente un tercio de la botella con vinagre o con zumo de limón.
2. Añadir el bicarbonato
Introduce dos o tres cucharaditas pequeñas de bicarbonato dentro del globo con ayuda del embudo.
3. Encajar el globo
Ajusta la boca del globo en la apertura de la botella, asegurándote de que queda bien sujeta.
4. Iniciar la reacción
Levanta el globo para que el bicarbonato caiga dentro de la botella. En pocos segundos aparecerán burbujas y el globo empezará a inflarse a medida que aumenta la presión interna.
Explicación científica
Cuando el vinagre o el limón (sustancias ácidas) entran en contacto con el bicarbonato sódico (una base), se produce una reacción ácido-base. Durante este proceso se libera dióxido de carbono (CO₂), un gas que tiende a expandirse y a ocupar todo el volumen disponible. Al no tener vía de escape, el gas asciende hacia el globo y lo infla.
Este fenómeno permite ilustrar una propiedad fundamental de los gases: se expanden hasta ocupar el espacio del recipiente que los contiene.
La ley de conservación de la materia en este experimento
En algunas versiones del experimento se coloca la botella sobre una báscula antes y después de la reacción. Aunque los materiales cambian de estado (de líquidos y sólidos a gas), el peso total permanece constante. Esto demuestra la ley de conservación de la materia, formulada por Lavoisier, que establece que:
“En una reacción química ordinaria, la masa total en el sistema permanece constante, es decir, la masa consumida de los reactivos es igual a la masa de los productos obtenidos”.
En este caso, el gas no desaparece ni aparece de la nada: simplemente adopta otra forma y ocupa más espacio, inflando el globo. La masa del sistema permanece igual porque todos los productos de la reacción continúan dentro de la botella y el globo.
Variantes para seguir investigando
- Comparar vinagre y zumo de limón para analizar diferencias en la velocidad de reacción.
- Aumentar o disminuir la cantidad de bicarbonato para observar cómo influye en el inflado.
- Sustituir el globo por un guante de látex para visualizar el llenado del gas en cada dedo.
- Repetir el experimento con líquidos a distintas temperaturas para estudiar su efecto en la reacción.
Conclusión
Inflar un globo sin soplar es un experimento sencillo y muy visual que permite comprender varios conceptos clave de la química: la reacción entre un ácido y una base, la liberación de dióxido de carbono y la tendencia de los gases a expandirse. Además, muestra de forma clara la ley de conservación de la materia y cómo la química puede manifestarse en procesos tan simples como este.
Fuentes de referencia:
La Vanguardia – Experimentos caseros
Fundación Aquae – ¿Serías capaz de inflar un globo sin aire?